[lang_gl] Sobre “7 palabras” na revista “Qué Leer” [/lang_gl][lang_es]Sobre “7 palabras” en la revista “Qué Leer”[/lang_es]

ME PARECE QUE YO SOY YO, PERO TÚ, ¿QUIÉN ERES?
A un escritor se le suele preguntar, “¿está trabajando en algo?¿Cuál será su próximo libro?”. Desde hace unos años yo solía responder, “ tengo el propósito de escribir un libro sobre un abuelo mío, a ver si un día me pongo”. Y así pasaban los años, libro tras libro contestaba que un día escribiría este otro libro. Me lo prometía, lo iba prometiendo a los lectores posibles y con mis palabras me obligaba. (¿Pero por qué tenías que obligarte? ¿Por qué no lo escribías sin más?) Y yo que sé. Los enredos de la vida, otro libro que te costaba menos escribir…Eso debió de ser, sabía que me costaría escribir éste. Me hizo falta tiempo, ir cumpliendo años. La musa es la memoria, pero para que exista memoria tiene que transcurrir el tiempo vivido. Este libro son cosas de la edad. Seguramente también me asustaba el tener que violentar el pudor personal y la memoria familiar.
(Sí, pero cuenta también que estuviste a punto de dejarlo) Dudé, es cierto, casi abandono el proyecto. Ya me decidía cuando un hermano tras otro me interrogaba, “¿Pero eso a quién le importa? ¿A quién le va a interesar la historia de nuestro abuelo? ¿Y no es demasiado narcisista?” Lo del narcisismo no me preocupó, no vas a fingir humildad si pones tu nombre en la portada de miles de libros, artículos de prensa, pero sí que tenía que contestar a las otras preguntas. Debí decirles la verdad, “¡Me importa a mí! ¡Me interesa a mí! En cambio te justificaste literariamente, “si consigo darle forma literaria, si transformo la búsqueda en una novela que entretenga, que funcione, entonces interesará.”(Pero si das vueltas alrededor de ti mismo…) Salí de Santiago y busqué y pregunté por tierras de Zamora, en Cuba, Madrid…, ¿qué más quieres?
(¿Pero por qué te interesa tanto saber de un abuelo al que ni siquiera conociste?) Porque no sabía nada de él, y llegó un momento en que comprendí que eso no era normal. Bueno, y también porque mi padre iba viejo y había perdido la memoria, y porque él mismo no sabía prácticamente nada de su padre. Quizá me sentí obligado a investigarlo. O no, no sé. Son los años, me acordé de mi infancia y de mi abuela Valentina, la madre de mi padre, también ella se pasó la vida esperando a su marido. Yo ni sabía entonces como se llamaba mi abuelo y me di cuenta de que era alguien tan desconocido y sin embargo tan importante para mi padre y mi abuela. Los zamoranos de la familia. (¿Pero tú no eras gallego?) Depende. Según. Claro que soy de Santiago, soy gallego, o eso creo. Pero siempre hay un momento en el que sientes ser un intruso, ¿no? Algo así como un impostor en todas partes. Al reconstruir las historias de personas que emigran de su tierra, me pregunté por la importancia que tiene para uno mismo el ser de un lugar o no, el vivir en un lugar que no consideras tuyo. Y también el no saber de quien desciendes, la orfandad. El libro trata de la orfandad, mucho. Incluso del nivel cero de la identidad, de niños abandonados sin origen y sin nombre. Trata también del nombre de uno. De la identidad personal. (Una historia de huérfanos, un folletón). No, que va. Bueno, sí, también. Los héroes aquí son pobres, iletrados. Al final va a resultar que escribí tantos libros, este libro para poder escribir sus nombres, los de los que no sabían escribir.
(¿Y no tenían razón entonces quienes te decían que era una historia irrelevante?) No lo es, no. Es relevante para mí y si conseguí que el lector acompañe al protagonista en su investigación y se implique emocionalmente, entonces también es relevante para el lector. Si es relevante lo decide el lector. (¿Y qué encontraste? Di la verdad) Pues lo que buscaba. Buscaba escribir este libro, una investigación sobre mi abuelo, sobre mi padre y su hermano, sobre mí mismo. Y lo tengo. Aunque no tuviese fortuna de lectores, aunque no tuviese buenas críticas nadie me convencería de que el libro no es bueno. (Ya te pones soberbio. Piensa bien lo que dices, hombre) Me da igual lo que me digas, lo que me digan, nunca fui tan libre. Tuve que escribir todos esos años en libros anteriores todas esas historias de personajes que investigaban su pasado para poder escribir ésta en la que yo soy el personaje y hago ese viaje de vuelta al origen. Nada me va a convencer de que éste no es mi libro mejor. O al menos el que más me afecta y me importa y nunca había vivido verdaderamente el poder de la literatura para conocer y para reconciliarse. (¿Pero y a los demás, qué?) No vuelvas con lo mismo, ya te dije que eso lo decide quien lo lee. No está en mis manos pero tampoco en las tuyas. (¿Y el título?) Pudo ser otro: “Camino de Sayago”, “Faustino”, “Buscando a Faustino”, “Nadie”, “Ansia”, “Por arte de magia”…¿A ti cuál te gusta? Al final me quedé con estas “Siete palabras”, encierran mi deseo, unas palabras mágicas que absuelvan vidas. El libro tiene algo de esconjuro y de oración. (Espera un momento, pero si tú eres el personaje de la historia que se cuenta entonces ¿quién te cuenta?) No lo sé, quién eres tú. ¿Eres “yo” que se cuenta? ¿Eres un daimon, un ángel de la guarda o quién coño eres?