MEMORIA HISTÓRICA: RIDRUEJO (Jordi Gracia/Suso De Toro)

[lang_gl] Sinalei que o debate que se ten aberto sobre a memoria histórica ten a súa base e forza na moral, máis que na política faccional. Aquí vai un debate nas Cartas ao Director de “El País” en 2006:

Data: 7 outubro 2006, 9:29 pm
CARTAS AL DIRECTOR EL PAÍS
Desde la universalización de la culpa como estado natural de los humanos hasta la idea de que sólo la izquierda podía ser antifranquista, el artículo de Suso de Toro sobre las cebollas contiene unas cuantas extravagancias sorprendentes. Lo bueno es que contiene también unas cuantas verdades sobre la memoria tartamuda de Torrente Ballester, siempre remiso a aceptar su falangismo desde la guerra (facilísimo de probar con sus artículos en Arriba, y sus protestas escritas de lealtad nacional-sindicalista); lo malo es que lo mezcla con alguna pueril desinformación sobre algún otro personaje al que tampoco le redime ni la rectificación biográfica y vital que emprende al menos desde 1956 ni la confesión explícita e inculpatoria de su camino equivocado al menos desde 1961, en el prólogo a Escrito en España (hablo de Ridruejo). Ya es raro que para defenderse de los ataques que recibe hoy Suso de Toro desde la derecha montaraz necesite remontarse hacia protagonistas del pasado que precisamente padecieron un semejante acoso de la derecha franquista (quiero decir la del Fraga Iribarne de entonces).
Tanto Fraga como los exiliados León Felipe o Max Aub se habían enterado, hace ahora medio siglo, en el mismísimo año de 1956, de esa rectificación explícita y de la condena del fascismo por parte de quien lo había convocado y difundido.
JORDI GRACIA
Comment de Anonymous
Data: 7 outubro 2006, 9:30 pm
CARTAS AL DIRECTOR DE EL PAÍS
Había leído un artículo reciente en estas mismas páginas de Jordi Gracia en el que matizaba, comentaba, corregía comentarios o artículos de otras personas que habían escrito sobre la memoria colectiva, así que esperaba que dijese algo sobre mi “ración de cebollas”.
Sé que es una autoridad en la materia y reivindicador de la figura de Dionisio Ridruejo, pues previo al trabajo de la ficción leí algún que otro documento en hemeroteca y libros, entre ellos, alguno del profesor Gracia pero también del propio Ridruejo. Y lamento que en su celo no haya tenido tiempo de leer mi artículo entero, pues hay un párrafo completo donde le reconozco a Ridruejo ese carácter casi único de, siendo uno de los responsables del fascismo español, reconocerlo como un error y esforzarse por decirlo a la sociedad. Le reconozco su idealismo, honradez y valor. Aunque también señalo que le faltó el reconocimiento de la culpa, algo que tiene un carácter vivencial profundo pero también un sentido moral. No fue capaz de expresar el peso de la culpa, si la sentía, por, entre otras cosas, su decisivo papel en la creación de la División Azul, que integrada en el Ejército alemán participó en el ataque a Rusia. Pues “Rusia era culpable”, y ello llevó muerte a rusos y españoles. Con responsabilidades tan grandes me asombra un poco su autocrítica tan deportiva, donde no percibo pesar alguno.
Por otro lado, atendiendo a la indicación del señor Gracia, he vuelto a leer las Explicaciones de Ridruejo, previas a su libro Escrito en España, y me afirmo con más convencimiento en esta idea.
Pero el señor Gracia considera “extravagante” el traer la culpa a colación, como nos la ha traído el señor Günter Grass. Pero el tema de mi artículo no era Torrente o Ridruejo, quería ser específicamente la culpa. En Alemania sería impensable trivializar el papel de la culpa en la formación de la memoria y conciencia colectiva, aquí se nos dice que es extravagancia y puerilidad. Somos capaces de encontrar cualquier disculpa para evitar hablar de la culpa, somos así en este alegre país que no la conoce.
Lo único que rectificaría del artículo publicado es la palabra “egoísta” que, debido a corrección celosa, perdió la t de “egotista” con la que califiqué a Ridruejo. Por lo demás, uno agradece lo de la extravagancia, que significa vagar por fuera, andar por libre. Ya me gustaría.
SUSO DE TORO
Comment de Anonymous
Data: 10 outubro 2006, 4:06 pm
Regatear la ejemplaridad moral a Ridruejo frente a Günter Grass invierte los términos de una manera bien extraña: el sentimiento de culpa profunda de Grass parece justificar ahora su largo silencio, mientras que la valentía para condenar y explicar abiertamente su pasado fascista rebaja a Ridruejo de personaje trágico a mero deportista de la autocrítica (dado el tono que le atribuye Suso de Toro). Por lo demás, me dejará seguir pensando que el sentimiento de culpa es una afección de matriz religiosa e irracional, y que lo que moralmente puedo exigir de los demás no es que sientan todo lo profundamente que quieran la culpa, sino que sean responsables, veraces y consecuentes con sus actos y decisiones.
Ésa es la integridad que demostró con hechos y palabras Ridruejo, pese a que Suso de Toro, que debe de ser un juez moral mucho más exigente que yo, crea que no fue “una autocrítica verdadera”. La entrega al martirio no hace más veraz ni más honrado a nadie; lo hace sólo penitente.
Ridruejo explicó de muchas maneras y muchas veces cómo se hizo fascista y cómo asumió el error de serlo, y pedir disculpas por haberlo sido es lo que hizo durante sus últimos 20 años, mientras entraba y salía de comisaría y andaba de un lado para otro haciendo un partido con dos o tres docenas de socialdemócratas mal contados. Y como es un asunto que me pirra, no voy a discutir ahora si este país ignora la culpa, como dice Suso de Toro. Yo lo veo al revés: lleva toda su historia aprendiendo de la Iglesia católica a manosearla de tal manera que ha perfeccionado increíblemente el sistema para neutralizarla en privado, confidencialmente… Justo lo contrario de lo que hizo Ridruejo.
JORDI GRACIA

[(lang_gl][lang_es] Señalé que el debate que se ha abierto sobre la las víctimas del franquismo y la memoria histórica tiene su base y su fuerza en la moral, más que en la política partidaria. Aquí va un debate en las Cartas al Director de “El País” en 2006:

Data: 7 outubro 2006, 9:29 pm
CARTAS AL DIRECTOR EL PAÍS
Desde la universalización de la culpa como estado natural de los humanos hasta la idea de que sólo la izquierda podía ser antifranquista, el artículo de Suso de Toro sobre las cebollas contiene unas cuantas extravagancias sorprendentes. Lo bueno es que contiene también unas cuantas verdades sobre la memoria tartamuda de Torrente Ballester, siempre remiso a aceptar su falangismo desde la guerra (facilísimo de probar con sus artículos en Arriba, y sus protestas escritas de lealtad nacional-sindicalista); lo malo es que lo mezcla con alguna pueril desinformación sobre algún otro personaje al que tampoco le redime ni la rectificación biográfica y vital que emprende al menos desde 1956 ni la confesión explícita e inculpatoria de su camino equivocado al menos desde 1961, en el prólogo a Escrito en España (hablo de Ridruejo). Ya es raro que para defenderse de los ataques que recibe hoy Suso de Toro desde la derecha montaraz necesite remontarse hacia protagonistas del pasado que precisamente padecieron un semejante acoso de la derecha franquista (quiero decir la del Fraga Iribarne de entonces).
Tanto Fraga como los exiliados León Felipe o Max Aub se habían enterado, hace ahora medio siglo, en el mismísimo año de 1956, de esa rectificación explícita y de la condena del fascismo por parte de quien lo había convocado y difundido.
JORDI GRACIA
Comment de Anonymous
Data: 7 outubro 2006, 9:30 pm
CARTAS AL DIRECTOR DE EL PAÍS
Había leído un artículo reciente en estas mismas páginas de Jordi Gracia en el que matizaba, comentaba, corregía comentarios o artículos de otras personas que habían escrito sobre la memoria colectiva, así que esperaba que dijese algo sobre mi “ración de cebollas”.
Sé que es una autoridad en la materia y reivindicador de la figura de Dionisio Ridruejo, pues previo al trabajo de la ficción leí algún que otro documento en hemeroteca y libros, entre ellos, alguno del profesor Gracia pero también del propio Ridruejo. Y lamento que en su celo no haya tenido tiempo de leer mi artículo entero, pues hay un párrafo completo donde le reconozco a Ridruejo ese carácter casi único de, siendo uno de los responsables del fascismo español, reconocerlo como un error y esforzarse por decirlo a la sociedad. Le reconozco su idealismo, honradez y valor. Aunque también señalo que le faltó el reconocimiento de la culpa, algo que tiene un carácter vivencial profundo pero también un sentido moral. No fue capaz de expresar el peso de la culpa, si la sentía, por, entre otras cosas, su decisivo papel en la creación de la División Azul, que integrada en el Ejército alemán participó en el ataque a Rusia. Pues “Rusia era culpable”, y ello llevó muerte a rusos y españoles. Con responsabilidades tan grandes me asombra un poco su autocrítica tan deportiva, donde no percibo pesar alguno.
Por otro lado, atendiendo a la indicación del señor Gracia, he vuelto a leer las Explicaciones de Ridruejo, previas a su libro Escrito en España, y me afirmo con más convencimiento en esta idea.
Pero el señor Gracia considera “extravagante” el traer la culpa a colación, como nos la ha traído el señor Günter Grass. Pero el tema de mi artículo no era Torrente o Ridruejo, quería ser específicamente la culpa. En Alemania sería impensable trivializar el papel de la culpa en la formación de la memoria y conciencia colectiva, aquí se nos dice que es extravagancia y puerilidad. Somos capaces de encontrar cualquier disculpa para evitar hablar de la culpa, somos así en este alegre país que no la conoce.
Lo único que rectificaría del artículo publicado es la palabra “egoísta” que, debido a corrección celosa, perdió la t de “egotista” con la que califiqué a Ridruejo. Por lo demás, uno agradece lo de la extravagancia, que significa vagar por fuera, andar por libre. Ya me gustaría.
SUSO DE TORO
Comment de Anonymous
Data: 10 outubro 2006, 4:06 pm
Regatear la ejemplaridad moral a Ridruejo frente a Günter Grass invierte los términos de una manera bien extraña: el sentimiento de culpa profunda de Grass parece justificar ahora su largo silencio, mientras que la valentía para condenar y explicar abiertamente su pasado fascista rebaja a Ridruejo de personaje trágico a mero deportista de la autocrítica (dado el tono que le atribuye Suso de Toro). Por lo demás, me dejará seguir pensando que el sentimiento de culpa es una afección de matriz religiosa e irracional, y que lo que moralmente puedo exigir de los demás no es que sientan todo lo profundamente que quieran la culpa, sino que sean responsables, veraces y consecuentes con sus actos y decisiones.
Ésa es la integridad que demostró con hechos y palabras Ridruejo, pese a que Suso de Toro, que debe de ser un juez moral mucho más exigente que yo, crea que no fue “una autocrítica verdadera”. La entrega al martirio no hace más veraz ni más honrado a nadie; lo hace sólo penitente.
Ridruejo explicó de muchas maneras y muchas veces cómo se hizo fascista y cómo asumió el error de serlo, y pedir disculpas por haberlo sido es lo que hizo durante sus últimos 20 años, mientras entraba y salía de comisaría y andaba de un lado para otro haciendo un partido con dos o tres docenas de socialdemócratas mal contados. Y como es un asunto que me pirra, no voy a discutir ahora si este país ignora la culpa, como dice Suso de Toro. Yo lo veo al revés: lleva toda su historia aprendiendo de la Iglesia católica a manosearla de tal manera que ha perfeccionado increíblemente el sistema para neutralizarla en privado, confidencialmente… Justo lo contrario de lo que hizo Ridruejo.
JORDI GRACIA

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