[lang_gl] FRANQUISMO, TRANSICIÓN E RESISTENCIAS INTELECTUAIS[/lang_gl][lang_es] FRANQUISMO, TRANSICIÓN Y RESISTENCIAS INTELECTUALES[/lang_es]

[lang_gl] As resistencias á Lei da Memoria Histórica á fin conseguiron o contrario: Asistimos ao rebentar do que estaba afogado: o xuízo político ao franquismo e o resgate dos restos e a dignidade das súas víctimas. No entanto, ademais da resistencia da dereita que representa o posfranquismo, aparecen as resistencias de intelectuais dunha xeración que fai patria da Transición e da etapa de González no Goberno.
Cando me publicaron “Home sen nome” paguei a factura de tocar o intocábel. Un artigo relacionado co libro, “Una ración de cebollas”, deu pé dez días despois a un número de “Babelia” (“Intelectuales tránsfugas”. “La responsabilidad de los intelectuales”) referido á nosa relación coa memoria histórica. Abríao un texto de Santos Juliá no que me arreaba unhas boas “indirectas”:
“Paradójicamente, ese empacho
de moralismo, esa proclividad a juzgar conductas políticas por intenciones morales, es la misma nube que nubla la vista a tanto aficionado a lanzarse sobre el pasado de nuestros fascistas, nacional-sindicalistas o católicos de camisa azul para exigirles que confiesen su culpa, como ha ocurrido ahora, a propósito de Günter Grass, conciencia moral edificada sobre la represión de un recuerdo. Buscan culpables en lugar de intentar conocer y explicar biografías en las que hubo de todo(…)”
Realmente diso trata o debate tal como está planteado hoxe en relación co pasado: un debate moral. Non é raro que os gardas da “verdadeira interpretación autorizada do franquismo e a Transición” sigan a manter esas reticencias e resistencias.
Non sei como sería lido tres anos despois, “Home sen nome” en castelán. [/lang_gl][lang_es]Las resistencias a la Ley de la Memoria Histórica al fin consiguieron lo contrario: Asistimos al reventar de lo que estaba ahogado: el juicio político al franquismo y el rescate de los restos y la dignidad de sus víctimas. Entretanto, además de la resistencia de la derecha que representa al posfranquismo, ahí están las resistencias de intelectuales de una generación que hace patria de la Transición (y de la etapa de González). Son los vigilantes intelectuales de la democracia española.
Cuando me publicaron “Hombre sin nombre” pagué, entre otras cosas, la factura de tocar lo intocable. Un artículo relacionado con el libro, “Una ración de cebollas“, dio pie inmediatamente a un número de “Babelia” referido a la relación coa memoria histórica en España. Lo abría un texto de Santos Juliá en el que me arreaba unas buenas “indirectas”:
“Paradójicamente, ese empacho
de moralismo, esa proclividad a juzgar conductas políticas por intenciones morales, es la misma nube que nubla la vista a tanto aficionado a lanzarse sobre el pasado de nuestros fascistas, nacional-sindicalistas o católicos de camisa azul para exigirles que confiesen su culpa, como ha ocurrido ahora, a propósito de Günter Grass, conciencia moral edificada sobre la represión de un recuerdo. Buscan culpables en lugar de intentar conocer y explicar biografías en las que hubo de todo (…)”
Realmente de eso trata el debate tal como está planteado hoy: un debate moral. Non es raro que los guardianes de la “verdadera interpretación autorizada del franquismo y la Transición” sigan manteniendo esas reticencias y resistencias.
No sé como sería leído hoy “Hombre sin nombre”[/lang_es]