DE TORO A TORO

[lang_gl] Se non hai novidade mañá vou a Toro (Zamora). Agardo poder rematar así o libro. En Toro espérame José Navarro Talegón, unha persoa que coñece o valor do patrimonio da cidade e que mira por el. As cidades e os pobos case sempre teñen algún anxo que as garda. Cando o perden, destrúense. Aquí vai un pedazo do libro onde se me aparece esta persoa.

 

         “(…)Esta noite en Madrid acodes aos estudos da radio na Gran Vía para participares no programa  e o garda de seguridade cando revisa o teu carnet di rindo, “Vostede non é De Toro, de Toro son eu.” E aclárache que el é efectivamente da cidade de Toro en Zamora. A ti faiche unha ilusión enorme esta coincidencia, para este libro es un pescador de azares, segues a celebrar todo o que teña a ver cos lugares da historia do teu avó, do teu pai.

                 Cóntaslle brevemente o que andas a investigar, tés que subir axiña non sendo que chegues tarde ao programa en directo, agora que tamén queres non perder calquera cousa que che poda aportar esta persoa. Chámase Félix, infórmache de que hai en Toro unha persoa que pode saber cousas que che interesen, por exemplo sobre o vello hospicio, é alguén que traballou na conservación dos monumentos explica. Vai ser hora de subir ao estudo, levas présa, cómo se chama? Anotas, José Navarro Talegón. Se vas por alí, por Toro, a ver se preguntas por el, nunca se sabe. Non sabes se irás ou non, levas dándolle voltas á idea. Despídeste e colles o elevador.

             Non sabes se deberas rematar o teu camiño en Toro ou se iso sobra. Poéticamente debera rematar alí, onde empezou todo, no torno do hospicio por onde foi introducido aquel meniño un vinte de febreiro hai cento catorce anos. Non sabes se é prescindíbel. Déixao estar agora, a ver con que te encontras mañá, a ver o que garda a memoria da Pilar, nunca se sabe, neste camiño todo é avanzar ás apalpadelas. Veña, pon a cabeza agora noutra cousa que xa chegas ao estudo e tés que falar da actualidade.

              Cando baixas ao portal de volta, sacudindo da cabeza esas angueiras da actualidade e procurando de novo un chisco de maxia dese porteiro de Toro xa non o encontras. “Non está o outro vixiante, un que estaba antes…?”, preguntas. O vixiante semella que non sabe de que falas, como se estivese el alí toda a tarde, toda a noite. Foise, desapareceu. Non había ser un sinal máxico se seguise alí, os trasnos fan o seu labor e se escapulen.

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[lang_es] Si no hay novedad, mañana me voy a Toro (Zamora). Espero así poder terminar el libro. En Toro me espera José Navarro Talegón, una persona que conoce el valor del patrimonio de la ciudad y lo cuida. Las ciudades y pueblos suelen tenerr algún ángel que las guarda. Cuando lo pierden, se destruyen. Aquí va un pedazo del libro donde se me aparece esta persona.

 

       “(…) Esta noche en Madrid acudes a los estudios de la radio en la Gran Vía para participar en el programa “Hora 25” y en el portal el joven guardia de seguridad cuando revisa tu carnet dice riendo, “usted no es de Toro, de Toro soy yo”. Te aclara que él es efectivamente de la ciudad de Toro en Zamora. A ti te hace una ilusión enorme esa coincidencia, para este libro eres pescador de azares, sigues celebrando todo lo que tenga que ver con los lugares de la historia de tu abuelo, de tu padre.

        Le cuentas brevemente lo que estás investigando, tienes que subir enseguida no vaya a ser que llegues tarde al comienzo del programa en directo, pero tampoco quieres perder cualquier cosa que te pueda aportar esta persona. Él se llama Félix y te informa de que en Toro hay una persona que puede saber cosas que te interesen, por ejemplo sobre el viejo hospicio, es alguien que trabajó en la conservación de los monumentos, te explica. Va a ser hora de subir al estudio, tienes prisa, ¿Cómo se llama? Anotas, José Navarro Talegón. Si vas por allí, a lo mejor preguntas por él, nunca se sabe. No sabes si irás o no, llevas tiempo dándole vueltas a la idea. Te despides y coges el ascensor.

             No sabes si debieras acabar tu peregrinación en Toro o si eso sobra. Poéticamente debiera acabar allí, donde empezó todo, en el torno del hospicio por donde fue introducido aquel niño un veinte de febrero hace ciento catorce años. No sabes si es prescindible. En realidad, tampoco sabes nunca como cerrar tus libros. Deja estar eso ahora, a ver con que te encuentras mañana, a ver lo que guarda la memoria de Pilar, nunca se sabe, en este camino todo es avanzar a tientas. Venga, pon la cabeza ahora en otra cosa que ya llegas al estudio y tienes que hablar de la actualidad política y social.

             Cuando bajas al portal de vuelta, sacudiendo la cabeza para librarte de esas urgencias de la actualidad y buscando de nuevo un toque de magia de ese enviado de Toro ya no lo encuentras. “¿No está el otro vigilante, uno que estaba antes…?”, preguntas. Pero el que está ahora parece que no sabe de que le hablas, como si hubiese estado él toda la tarde, toda la noche. Se fue, desapareció. No habría sido una señal mágica si siguiese allí, los duendes hacen su labor y se escabullen. (…)” [/lang_es]